Ricardo N. Alonso: Mas información sobre los yacimientos minerales

Las coladas de vidrio (obsidiana) pueden hidratarse dando lugar a la perlita. La dinámica externa del planeta genera a su vez nuevos tipos de depósitos minerales. Las rocas se elevan desde el interior de la corteza para dar montañas. Estas a su vez se desgastan liberando físicamente los minerales que contienen y también disolviendo otros materiales solubles por ataque químico. Los ríos, el viento y los glaciares ponen en movimiento esos materiales que pueden acumularse mecánicamente en aluviones, dunas, playas marinas dando lugar a los llamados placeres. Oro, diamante, platino, arenas negras de hierro y titanio, zircón, zafiros, rubíes, son algunos de los minerales que se acumulan de esa manera. Los elementos disueltos en el agua pueden precipitar químicamente en forma de sales, dando lugar a la sal común, yeso, boratos, sulfato y carbonato de sodio. También pueden precipitar químicamente las calizas, las sales de potasio, los minerales de fósforo, minerales de hierro y manganeso, entre otros. Algunos de los yacimientos de uranio se forman por el lavado de rocas ricas en el elemento que entra en circulación por aguas superficiales o subterráneas hasta que encuentran condiciones químicas favorables, en los que precipitan dando los depósitos típicos de uranio y vanadio. En los climas tropicales, las rocas ricas en aluminio se lavan dejando un residuo enriquecido conocido como bauxita.

De esos barros fósiles se extrae precisamente el aluminio, uno de los minerales clave de la civilización industrial. Cuando la erosión destruye un viejo edificio volcánico pueden quedar a la intemperie las vetas o cuerpos de sulfuros hidrotermales que se formaron en su núcleo o en su basamento. Esos sulfuros se originaron a temperaturas y presiones altas con respecto a la superficie. Al quedar expuestos a la presión y temperaturas ambientes comienzan un proceso de oxidación en un símil a un trozo de hierro que enterráramos en el suelo. Muchos yacimientos se distinguen de lejos por los colores marrones de óxido de hierro que tienen en su superficie. Los minerales comienzan a “pudrirse” y el azufre que contiene, mezclado con el agua, va a generar ácido sulfúrico. Este es un ácido muy corrosivo que tiene la capacidad de atacar a las rocas y minerales convirtiendo a los sulfuros en sulfatos y generando otras reacciones químicas que transforman a las rocas en superficie y también en profundidad por la percolación de esos líquidos. El cobre lavado de la superficie puede precipitar a mayor profundidad, donde cambian las condiciones químicas dando lugar a un enriquecimiento que puede transformar un pórfido de cobre pobre en un yacimiento de valor económico, tal como ocurre en los importantes yacimientos cupríferos del norte chileno. Esta brevísima síntesis de ninguna manera agota la extensa tipología de los depósitos minerales, no solo a ras de los continentes, sino también en los pisos de las cuencas oceánicas (ricos en nódulos de manganeso) o en el interior de los volcanes que forman los arcos de islas donde se encuentran importantes depósitos metalíferos como los del tipo Kuroko, en Japón. En síntesis, los mecanismos dinámicos de concentración planetaria de los elementos químicos permitieron la formación de yacimientos minerales, y gracias a ello el hombre pudo aprovecharlos para construir la civilización industrial y tecnológica lo que de otra manera hubiese sido imposible.

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